La cuerda (relato por capitulos)
A Patricia su nuevo trabajo no le parecia nada mal. Estaba destinada a la unidad de documentación. Allí era una de las personas que se encargaban de catalogar todo el material que les iba llegando. Sus sentidos estaban acostumbrados a captar con rapidez los conceptos, y al visionar las cintas le era fácil extraer los temas tratados. A veces eran aburridos debates en los que solo tenia que retener el tema y los participantes. Otras, eran amenos documentales con muchos lugares, paisajes, gentes, costumbres. También había musicales, los mas fáciles de catalogar: interpretes, tipo de musica y títulos de las canciones. Pero los que más le gustaban eran los de interés humano, los que trataban de las personas, sus sentimientos y vivencias.
Todo el mundo la tenia por una persona seria. Pero Patricia, cuando la conocias de cerca, era agradable y con un agudo sentido del humor que hacía reir a los que la rodeaban.
Vivia sola, en un pequeño piso de un barrio centrico. Tenia pocos amigos, porque sabia que la autentica amistad es un bien escaso.
Alguna vez, al entrar en casa, sentia el peso del silencio y la soledad, pero reaccionaba rapidamente y sabia darle la vuelta a la situación. Era natural que la mente le jugara malas pasadas, pero se habia propuesto que, poco a poco, cada vez escucharia menos la voz de la catástrofe.
Asi, en cualquier situación que pudiera contrariarla, conseguia de una forma u otra ver el lado positivo. O al menos lo intentaba.
Estuvo casada unos años, pero no habia funcionado demasiado bien. La experiencia le sirvió para conocer las ventajas e inconvenientes de la vida en pareja.
Jaime era un hombre bueno. Nunca lo pudo acusar de haber ejercido sobre ella alguna crueldad, pero tampoco recibió de él ninguna contribución. Era una persona amable y servicial; pero sin iniciativa y, peor aún, sin pasión por nada. Ni siquiera los partidos de futbol le hacian vibrar como a la mayoria de sus compañeros. Se podia decir que se limitaba a acompañarla. Patricia apreciaba esta compañia. Y despues de la separación llegó incluso a añorar su presencia.
Pero tardó poco tiempo en acostumbrarse a la soledad. Es mas, cada dia le parecia mas apetecible tener una vida para ella sola.
Llevaba una vida tranquila, podría decirse que aburrida. Tenía aficiones convencionales, como ir al cine, leer, conversar. Lo de conversar no siempre era facil, los temas que salian en la mesa del desayuno con sus compañeros de trabajo eran superficiales e insulsos, excepto cuando se desmadraban y reían por cuaquier tonteria. A Patricia le gustaba mucho reirse. Tenia un estricto sentido del deber y la responsabilidad, pero necesitaba una valvula de escape como la risa. Necesitaba esos momentos de desinhibición, y disfrutaba enormemente cuando hacía reir a los demás.
Una mañana, al llegar al trabajo, encontró en su mesa un sobre grande de color marrón. No solia recibir correspondencia y lo abrió con curiosidad. Contenía un mensaje cifrado para ella ininteligible. Estuvo un rato pensando en las posibilidades. ¿Quién podia haberselo mandado?.
